Volviendo a casa / Siete: Mis dibujos
Si pienso en los momentos de felicidad que viví en esa casa son, con creces, muchos mas que los tristes. No es justo entonces que siempre me acuerde de las resacas, o las penas de amor solamente.
¿ No es así?
Me gusta recordar entonces cuando dibujaba en mi pieza, sentado frente al tablero, las ventanas abiertas de par en par, las cortinas medio cerradas, y un pequeño ventilador para combatir el calor del verano.
El tacto del papel recién cortado, la textura de mis lápices, plumillas, pinceles y rapidographs. El olor intenso de la tinta china, mis manos con manchas de tinta, restos de goma de borrar por doquier...un completo caos, pero un caos creativo, lleno de imaginación y expectativas, queriendo siempre saber cual sería el resultado del próximo dibujo.
La música me acompaña desde mi pequeña radio; Pink Floyd, Silvio Rodríguez, Dead Can Dance. A veces también la radio, de preferencia por las noches, con algunos buenos programas que combinan buena música y conversación.
Cuando me concentro puedo dibujar una, dos, tres, cuatro páginas. El tiempo no existe. Llega la noche y reviso lo avanzado...y me gusta! (Y es que rara vez me gusta lo que dibujo).
Ojalá pudiera volver a ver mis dibujos de antaño. Esos de mis primeros años, esos primeros intentos, inseguros, temblorosos, con mas errores que aciertos, pero siempre llenos de ilusión.
Me acuerdo de ese comic que dibujé pensando que podrían publicarlo en alguna revista...aún tengo los bocetos a lápiz y unas fotocopias que les hice y que pinté a mano con acuarelas. NO HAY FUTURO se llamaba, era un grupo de militares que viajaban en un tanque, por el desierto, hasta una torre, mataban a unos soldados y después encontraban un super computador dentro de la fortaleza que los enviaba de vuelta al comienzo...o algo así, poco original e inspirado en casi todas las películas y comics de los 70's 80's y 90's que había leído hasta ese entonces.
También otro (mutante creo que se llamaba) de un grupo de viajeros espaciales (siempre era un grupo al parecer) que caían en un planeta rodeado de zombies y que se mataban entre si. 3 páginas creo que tenía...debo haberlo dibujado en el año 90 o 91...y le puse mucho empeño, el formato era grande, mas grande que una hoja de bloc...y recuerdo haberme sentido muy orgulloso después de terminarlo.
Había otros más: el escuadrón de combate; una o dos páginas que no llegaron a mucho, sobre un escuadrón de pilotos interestelares; macro cosmos: tres páginas de un comic un poco experimental, sin diálogos y varios zooms in; otra de si-fi de un grupo de militares que viajaban a otro planeta y se encontraban con otro ejército, de esa debo haber dibujado 10 o 12 páginas al menos.
De seguro había mas historias y dibujos, mas todos mis cuadernos de básica y educación media.
Mis dibujos.
Esos que se mojaron hace ya casi 20 años, por una inesperada lluvia de verano. Esos dibujos, arrumbados debajo del naranjo, en un lugar donde nunca los puse.
¿Y yo dónde estaba?
Ya no estaba ahi, me había ido lejos, a vivir a otras tierras. No pude salvarlos, ni verlos una ultima vez.
Y entonces me vienen las culpas.
Culpas de no haberlos escaneado cuando pude. Me decía a mi mismo: “¿para qué?, si los tengo a mano en cualquier momento que quiera", dado mi habito de, cada cierto tiempo, volver a mis dibujos y revisarlos, compararlos con el presente, ver la evolución, los avances, si es que los hay. Lo pensé, pero la vorágine de preparar todo para irse lejos no me dio tiempo.
Debería haberlo anticipado, pero nunca antes me fui a vivir lejos de ellos. ¿Cómo podía saberlo? ¿Como podía saber el vacío que te queda dentro cuando dejas tu tierra y te embarcas en insospechadas quimeras?
Pero ahi tienen, siempre me doy cuenta de las cosas demasiado tarde. Agradezco a esas páginas la felicidad y ternura que me dieron, la esperanza, los sueños...y también la angustia mientras las resolvía, intentando siempre sortear los problemas, llegar a puerto.
Si los pienso bien, es quizás una metáfora de la juventud. Lo que dejas atrás, la vida que sigue su curso, y tal vez mis dibujos son todos esas vivencias que jamás olvidaré, porque son parte inherente de mi. Pero también, debes dejarlos atrás, no puedes cargar con ellos, han dejado de ser algo físico para ser parte de tu cuerpo, mente, de tu sentir.
¿Qué me queda?
Me quedan los recuerdos de mis manos sobre ellos; el olor del papel y la goma de borrar; el sonido de mis lápices rasgando el papel; de la tinta negra, intensa, violenta, perpetua, conquistando mis viñetas, eternizando el grafito impreciso, impregnando mi ojos y mi alma con su arrolladora energía creadora.
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